
El ocaso de un vagabundo, en una noche de tormenta, un descenso silencioso y profundo, un descenso que estremezca.
Sólo cerró los ojos, Yo cobijé su regazo , puso candado al cerrojo y se fugó como un balazo.
Hay alguien que lo observa, lo mira y se fascina, él no tiene ya reserva, parece de plastilina.
Ha llegado la hora de que siga siempre impreso en mi lúcida memoria, en su soledad inmerso.
Pasó noches en la calle, solo y desesperado, no había nada a su alcance, las pasaba destapado.
Sólo veia la luna, una luna plomiza, nunca tuvo una cuna, menos una nodriza.
Ya terminó su tormento, ya pasó a mejor vida, se fué sin descontento, sin pena y sin desdicha.....
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